José Rafael López Padrino
Decir la verdad es siempre revolucionario Antonio Gramsci
Saturday, June 27, 2026
¿Para qué sirve la Fuerza Armada Nacional?
Thursday, June 18, 2026
Tarek William Saab: de falaz predicador de derechos humanos a verdugo del régimen
Hubo un tiempo en que William Saab cultivó cuidadosamente la imagen de intelectual orgánico comprometido, poeta insurgente y defensor de los derechos humanos. Durante años de la mal llamada IV República, su figura solía aparecer denunciando abusos policiales, cuestionando excesos estatales y reivindicando causas progresistas. Su discurso estaba impregnado de referencias a la dignidad humana, la justicia social y la necesidad de enfrentar la represión heredada del viejo sistema político venezolano. En aquel entonces, su figura parecía representar una izquierda que aspiraba a diferenciarse de las prácticas autoritarias latinoamericanas del siglo XX.
Sin embargo, el paso del tiempo terminó revelando una de las paradojas más crudas de la política venezolana contemporánea: muchos de quienes denunciaban el abuso del poder en el pasado terminaron seducidos por él. Saab no escapó a esa lógica. Por el contrario, se convirtió en uno de sus ejemplos más acabados y perversos.
Su ascenso dentro del aparato chaveco-madurista fue indetenible. Participó en la Asamblea Nacional Constituyente de 1999, fue diputado entre 2000 y 2004, gobernador del estado Anzoátegui entre 2004 y 2012 y Defensor del Pueblo entre 2014 y 2017. Para entonces, ya había renunciado a cualquier independencia crítica y se había integrado plenamente al proyecto hegemónico del chavismo. Además, arrastraba una gestión administrativa plagada de corrupción durante su paso por la gobernación de Anzoátegui. Pero el punto de ruptura definitivo llegó en 2017, cuando fue designado fiscal general tras la destitución de Luisa Ortega Díaz. A partir de ese momento dejó de ser un funcionario político para convertirse en una pieza central del engranaje represivo del régimen. El antiguo defensor de derechos humanos asumió sin reservas el papel de operador político del poder, subordinando el Ministerio Público a los intereses perversos de Miraflores.
A partir de su designación como fiscal, asumió sin escrúpulo alguno el papel de operador político y alcahuete de Maduro y su grupete de chafarotes. La contradicción resultó brutal. El hombre que en otros tiempos denunció violaciones de derechos humanos y se presentó como defensor de las víctimas terminó convertido en uno de los principales encargados de relativizarlas, justificarlas, negarlas o maquillarlas desde las instituciones del Estado. Tarek William Saab pasó de denunciar la persecución política a defender a quienes la ejercían; de reivindicar la protección de los derechos fundamentales a minimizar denuncias de tortura, detenciones arbitrarias y ejecuciones extrajudiciales señaladas por organizaciones nacionales e internacionales. La transformación no fue únicamente política, sino también simbólica. Quien alguna vez construyó su imagen pública alrededor de la defensa de causas progresistas y del compromiso con los derechos humanos terminó actuando como portavoz de un aparato estatal erosionado por la corrupción, y cada vez más cuestionado por sus prácticas represivas. En foros internacionales, entrevistas y comunicados oficiales, asumió la tarea de desestimar acusaciones, desacreditar informes críticos y proyectar una narrativa destinada a exculpar al poder de todas las aberraciones cometidas por el proyecto hegemónico. Terminó convirtiéndose en el escribano de la arbitrariedad, el notario político de la represión institucionalizada, el encubridor sistemático de las violaciones del debido proceso y el fabricante de falaces expedientes construidos en torno a acusaciones de terrorismo, conspiración o desestabilización.
La abrupta defenestración y caída ética de William Saab simbolizan, en última instancia, el colapso moral de una generación política que llegó al poder prometiendo la redención de los excluidos y terminó reproduciendo muchas de las prácticas que decía combatir. Representa el destino de una falaz revolución que acabó devorando sus propias banderas. Personifica al intelectual orgánico que un día denunció a los inquisidores y terminó ocupando su lugar. Es la imagen degradada de quien se proclamó poeta de la paz y terminó por encarar la intolerancia, el silencio impuesto y la violencia del poder. Su trayectoria encarna la metamorfosis del crítico en censor, del disidente en verdugo, de la palabra liberadora en instrumento de miedo, represión y muerte.
Wednesday, June 3, 2026
Venezuela: un país doblemente tutelado por USA
Sunday, May 10, 2026
Carmen Teresa Navas: Le arrebataron a su hijo, pero no pudieron silenciar su voz
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A Carmen Teresa Navas no solo le asesinaron a su hijo; también intentaron quebrar su esperanza, silenciar su voz y condenarla al sufrimiento. Pero una madre que ama de verdad jamás se rinde. Su lucha se ha convertido en un símbolo de denuncia ante la injusticia y ante quienes utilizan el poder para destruir vidas y familias enteras.
Hoy este mensaje no es solo de felicitación, sino también de memoria y denuncia. Porque ningún gobierno debería perseguir, encarcelar ni matar a los hijos de su pueblo. Ninguna madre debería vivir el horror de buscar justicia en medio del silencio, la impunidad y el abuso de poder.
Carmen Teresa, su dolor representa el de miles de madres venezolanas que han perdido a sus hijos por la violencia, la represión y la falta de humanidad de quienes gobiernan. Que el mundo no olvide sus nombres ni permita que estas tragedias se normalicen.
En este Día de las Madres, le enviamos respeto, solidaridad y la certeza de que el amor por un hijo jamás podrá ser derrotado por ningún régimen.
Saturday, May 9, 2026
Muerte del chavismo: de la retórica antiimperialista al vasallaje político
A escasos cuatro meses del 3 de enero, resulta evidente cómo muchos de los antiguos monaguillos del autoritarismo hoy negocian, se repliegan y se humillan ante el mismo imperio que durante años aseguraron combatir. Las interminables alocuciones escatológicas y antiimperialistas de Hugo Chávez ahora incomodan incluso a quienes antes las repetían con fervor doctrinario; sus discursos apenas sobreviven como ecos gastados en el cajón de los recuerdos de una falaz revolución agotada y moribunda. Los “ojitos de Chávez”, al igual que el rostro del nuevo inquilino de Brooklyn, han desaparecido progresivamente de los espacios públicos, como si el poder intentara borrar con rapidez los símbolos de una fe política que hasta hace poco exigía una devoción absoluta. El rojo —convertido durante años en un emblema omnipresente de la revolución— ha sido desplazado por tonalidades neutras como el blanco y el azul. El chavismo busca mutar, camuflarse y desprenderse de una identidad política que ya no moviliza la épica, sino el desgaste, el fracaso y la vergüenza.
Hoy queda muy poco por defender en términos doctrinarios, si es que alguna vez existieron. Las reformas “expresas” a las leyes emblemáticas como la de hidrocarburos y del sector minero, y muy posiblemente la del trabajo, demuestran el grado de humillación y vasallaje frente al tutelaje impuesto por Washington. Al margen de su ya desgastada retórica contra el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, han terminado por volver de rodillas ante ambos organismos, implorando financiamiento y legitimidad. El chavismo agonizante, hoy se subasta al mejor postor y alquila sus últimos restos de poder como una meretriz política dispuesta a servir a quien garantice su supervivencia.
La subordinación ante Washington, tras el 3 de enero, también resquebrajó la llamada “solidaridad con Cuba”, presentada durante años como uno de los pilares simbólicos del proyecto bolivariano. Durante más de una década, Venezuela envió petróleo a la isla de forma gratuita o a precios solidarios (Petrocaribe), como parte de una alianza que convirtió la energía en un instrumento de integración ideológica y de lealtad geopolítica. Sin embargo, bastó la presión de la Casa Blanca para que la tan cacareada hermandad revolucionaria se desplomara. A los hermanos Rodríguez no les tembló la mano para dejar a Cuba sin petróleo, pese a que 32 efectivos cubanos murieron defendiendo a Maduro en Fuerte Tiuna durante los acontecimientos del 3 de enero.
Estamos ante la sepultura de un proyecto político deliberadamente engañoso, ideológicamente vacío y construido sobre el culto a la personalidad de un improvisado oficial tropero: Hugo Chávez. Un proyecto mesiánico y profundamente reaccionario que sustituyó los principios por la obediencia ciega, desmontó la pluralidad democrática para imponer un pensamiento único militarizado y convirtió las políticas sociales en instrumentos de chantaje y control sobre los sectores más vulnerables. En nombre del “pueblo”, destruyó las instituciones y la separación de poderes, pulverizó la autonomía sindical y redujo la libertad a una forma de sumisión administrada por el Estado. Hoy, lo que sobrevive es apenas un cascarón autoritario, tutelado por los intereses de Washington, sostenido por la represión sistemática, el miedo y una élite burocrático-militar que desconoció la soberanía popular el 28/7/2024 en nombre de una supuesta revolución. El chavismo, más que una alternativa histórica, ha sido una regresión política envuelta en una falaz retórica revolucionaria.
La tumba del chavismo no representa únicamente el cierre de una etapa marcada por el autoritarismo, la corrupción, la represión y la muerte, sino también la apertura de un desafío histórico aún más complejo: construir una democracia verdaderamente soberana, justa y equitativa, ajena a reproducir los vicios del pasado y la subordinación política, económica o geopolítica. El riesgo no es solo repetir el fracaso del chavismo bajo otro discurso, sino sustituir una élite hegemónica por otra, igualmente dependiente de intereses externos y sostenida por nuevos hiperliderazgos providenciales. La reconstrucción de Venezuela exigirá algo más profundo que un simple cambio de gobierno: requerirá nuevas instituciones sólidas, una ciudadanía crítica y una sociedad que deje de depender de caudillos, mesianismos y tutelajes extranjeros para definir su destino.
Friday, May 1, 2026
1 de mayo: nada que celebrar en Venezuela
Salarios pírricos y miseria estructural
El llamado “aumento del salario mínimo integral” no corrige la pérdida del poder adquisitivo; la profundiza. En un entorno de inflación persistente y dolarización informal, los ajustes nominales resultan irrelevantes frente al costo de vida. Pero el problema es aún más estructural: el régimen ha sustituido el salario por bonificaciones discrecionales, eliminando, en la práctica, conquistas históricas del trabajador como las prestaciones sociales, las vacaciones dignas o la negociación colectiva efectiva. No es un error técnico; es una política deliberada.
La política antiobrera del modelo venezolano se expresa precisamente en esa desalarización progresiva. Al fragmentar el ingreso en bonos no salariales, el Estado reduce sus obligaciones legales y debilita la capacidad organizativa de los trabajadores. A ello se suma la represión de las protestas laborales, la judicialización de dirigentes sindicales y el control férreo de las instituciones encargadas de velar por los derechos laborales. El mensaje es claro: cualquier intento de reivindicación autónoma será neutralizado.
En este contexto, el anuncio de un aumento salarial falaz funciona más como una pieza propagandística que como una medida económica. Se intenta proyectar una imagen de sensibilidad social mientras se perpetúa un sistema que abarata la mano de obra y traslada el costo de la crisis a los sectores más vulnerables. Es una lógica de supervivencia política, no de justicia social.
El resultado es una contradicción evidente: un régimen que se autodefine en favor de los trabajadores ha terminado por erosionar las bases materiales del trabajo digno. El salario mínimo, lejos de ser un instrumento de bienestar, se ha convertido en una referencia irrelevante en la economía real. Y cada nuevo “aumento” no hace sino confirmar esa realidad: no se trata de mejorar las condiciones de vida, sino de administrar su deterioro.






