El régimen ha
mostrado su verdadera cara represiva mediante el empleo de efectivos de la
Guardia Nacional, cuerpos represivos, así como sus bandas hamponiles o
colectivos a fin de aplastar la protesta social. El gorilato que gobierna ha
ejecutado un capítulo más de la Doctrina
de la Seguridad Nacional Bolivariana, concepción
reaccionaria del Estado militar.
Es
por demás interesante señalar que la Doctrina de Seguridad Nacional que hoy
invocan los gorilas represores del régimen, fue la visión que sostuvo
ideológicamente a los regímenes autoritarios de América Latina, que sirvió para
legitimar un militarismo represor especialmente en Argentina, Chile y Brasil, y
en menor grado y con posterioridad en Perú y Ecuador la cual contó con la
anuencia de los Estados Unidos como parte de una estrategia de contención en la
América Latina. Doctrina que sirvió para preparar y justificar las brutales
represiones y asesinatos a mansalva llevadas a cabo en contra de la disidencia política
de esas naciones. Además, la implementación de esta Doctrina permitió y permite
al militarismo bolivariano justificar el “asalto” de los militares como
corporación partidista en campos de la política ajenos a su actividad
profesional.
Hoy
esa misma Doctrina de Seguridad Nacional le sirve de sostén ideológico al
régimen socialfascista en Venezuela. Lo que hemos vistos en las calles de las principales
ciudades del país ha sido la imposición de una rígida lógica militar
"amigo-enemigo" por parte de la Guardia Nacional, donde los
manifestantes se han transformado en el "enemigo interno" a los cuales
hay que exterminar militarmente. Han sustituido el uso de la Fuerza Armada de
garante de la "defensa externa", por el de "la seguridad interna
y el control social". Justifican, así, la instauración de un
"terrorismo de Estado Bolivariano" como sistema de acción política
mediante el uso de la Guardia Nacional, Policía Nacional, SEBIN, etc., así como
de las bandas armadas al servicio del régimen.
Se
ha institucionalizado una unión perversa entre la Guardia Nacional y las bandas
hamponiles del régimen como estrategia de guerra contra la disidencia política.
Guerra que se desarrolla en el seno de la sociedad misma -no en el campo militar- y que ha implicado el
uso sistemático de la violencia y la tortura contra objetivos civiles. El
régimen a través de su corrupto sistema judicial ha aplicado la Ley
Orgánica contra la delincuencia organizada y financiamiento al terrorismo (Lodofat), como parte de la Doctrina de Seguridad Nacional,
aprobada en la Asamblea Nacional con el voto de la mayoría fachochavista y una
inexplicable pasividad de los parlamentarios opositores. Gracias a esta nefasta
Ley se criminaliza la protesta social y se amplía la visión del enemigo: no
solo se consideran terroristas insurgentes a las personas con armas o bombas,
sino también a las personas que propagan ideas en contra del concepto de la
sociedad nacional y domesticada que desea el régimen. Esta es la Ley que han
venido aplicado a los jóvenes detenidos en las marchas y protestas sociales. Con indignación hemos visto la aplicación de
tácticas y procedimientos bélicos y procesos judiciales irregulares que violan
el debido proceso contra la población civil con la anuencia del ungido de
Miraflores y del capitán caliche de la Asamblea Nacional.
El
balance ha sido de 14 jóvenes asesinados la mayoría de ellos después de tratos
crueles e inhumanos, medio centenar de periodistas lesionados, cientos de
heridos y miles procesados por un sistema judicial corrupto. Además, 18
historias de torturas documentados por el Foro Penal Venezolano. De acuerdo a
un vocero del Foro “A todos los detenidos se les ha violado el derecho a la
defensa. No se les permite contacto con sus abogados y se les obliga a firmar
un acta en la que reconocen que sí han sido atendidos por defensores”. Todos
estos hechos constituyen una franca violación de lo establecido en la
Constitución Nacional y en la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
El bastardo socialismo bolivariano pretende el
reordenamiento de la sociedad venezolana en forma autoritaria mediante el uso
permanente de la fuerza, la represión y el asesinato. El propósito de este
proyecto, aunque se venda como contrahegemónico y se publicite en favor de los
pobres y excluidos sociales, es en realidad mantener la hegemonía del proyecto
dominante explotador, al que tanto cuestionan por conveniencias de marketing
político.
Esta es la
verdadera cara de la “revolución bonita”, la de la represión, del uso desmedido
de la fuerza, de la tortura, la del asesinato de jóvenes. Rostro que no se ve
por Telesur, ni comentan en sus documentales Oliver Stone, ni en sus loas Danny
Glover. Es la mal llamada revolución que ejercita la represión y el asesinato
como praxis.
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