Tuesday, August 14, 2018

La tortura y la muerte como políticas de Estado

Con la llegada de la peste militar bolivariana al poder (1998) las fuerzas militares y de seguridad del Estado han practicado la tortura y tratos crueles, desapariciones forzadas, así como ejecuciones extrajudiciales de manera sistemática e impune. Representan un proyecto perverso que aliena, institucionaliza la tortura y el sicariato político y que pretende rescribir la historia desde la impunidad, desde la censura de la memoria, desde la deformación de la realidad y del olvido.

Aplicando la dicotomía “amigo-enemigo” interno (lenguaje del jurista Nazi Carl Schmitt), el gorilato bolivariano ha institucionalizado la represión, la tortura y hasta la muerte como parte del libreto represivo de la Doctrina de la Seguridad Nacional. Las torturas y humillaciones a las que ha sido sometido el diputado Juan Requesens no son un hecho aislado, cientos de presos políticos han corrido con igual infortunio a manos de los esbirros del SEBIN, la DGCIM y el CICPC. Muchos de ellos han muerto en la cámara de torturas como el fue el caso de Nadis Orozco quien falleció a consecuencia de los traumatismos cráneo-encefálicos ocasionados por los verdugos de Gustavo González López en el SEBIN. Terrorismo de Estado que se aplica no sólo en términos instrumentales para acallar y eliminar al enemigo, sino que es parte de la concepción facho-bolivariana de la política, es la destrucción no sólo de las instituciones establecidas sino de todos aquellos que son obstáculo para su “nuevo orden” dictatorial.

El “humanismo bolivariano” lejos de erradicar las aborrecibles prácticas del pasado las ha profundizado e institucionalizado. Centros de reclusión como el SEBIN, la DGCIM y el CICPC son antros de perversidad donde se ejercita la tortura libremente. Además, hay que mencionar los centros clandestinos de detención (CCD), instalaciones secretas empleadas por el SEBIN y la DGCIM en colaboración con las bandas armadas del régimen donde torturan a los detenidos. Prácticas como el aislamiento en calabozos lúgubres, el uso de bolsas de plástico para producir asfixia, arrancarles partes del cabello (el helicóptero), descargas eléctricas (la parrilla), privación del sueño (la tumba), sumergir al interrogado en agua hasta casi ahogarlo (submarino), desnudez forzada, amenazas de carácter sexual hasta violaciones y muchas otras atrocidades similares a las realizadas por los regímenes dictatoriales del Cono Sur del siglo pasado. El fascismo avanza a paso redoblado sobre la sumisión de los justos.

Mediante la construcción de un lenguaje comunicacional “Goebbeliano”, y de un discurso descalificador sobre sus víctimas, el régimen pretende hacer ver que la violencia y la tortura orientada a exterminar a la disidencia política sea percibida como algo saludable para el país y no como una aborrecible violación de los derechos humanos. La idea es que todo disidente es un enemigo abyecto de la nación y del pueblo al cual hay que combatir y destruir; frente a la patria amenazada, hay que aniquilar a la “antipatria” a fin de restablecer “la paz ciudadana y continuar sembrando el amor bolivariano”.

Para el proyecto facho-bolivariano la violencia es la base de su  poder político. El ejercicio de la violencia a partir de la represión, la tortura y eventualmente el asesinato son partes entrañables de su ADN político. Paradigmáticamente asumen que la acción violenta, debe reemplazar a la razón.

Impresiona que la pesadilla represiva que nos toco vivir como militante de izquierda en los años sesenta y setenta del siglo pasado haya vuelto en pleno siglo XXI de la mano de una izquierda promiscua amante del autoritarismo, del partido único, de los métodos represivos, de la venganza. Estos falsarios ideológicos justifican, y hasta aplauden las sistemáticas violaciones de los derechos humanos que en tiempos pasados defendían con vehemencia. Una izquierda pútrida que renunció a sus principios y hoy lame la pestilente bota militar.





Saturday, July 21, 2018

DECLARACIÓN URGENTE POR NICARAGUA


DECLARACIÓN URGENTE POR NICARAGUA


Respaldo al pueblo nicaragüense ante brutal represión.

Como intelectuales, activistas sociales y académicos, queremos manifestar nuestro profundo rechazo a la gravísima situación de violencia política estatal y de violación de los derechos humanos que atraviesa Nicaragua.

Por la presente, como intelectuales, activistas sociales y académicos, queremos manifestar nuestro profundo rechazo a la gravísima situación de violencia política estatal y de violación de los derechos humanos que atraviesa Nicaragua, responsabilidad del actual régimen de Ortega-Murillo, lo cual se ha traducido en unos trescientos muertos en los últimos tres meses.

La indignación, el dolor, el sentido de frustración histórica son dobles cuando semejante aberración política es producto de líderes y gobiernos que se dicen de izquierda. ¡Qué puede doler más que la ironía de un líder que se dice revolucionario, emulando las prácticas criminales de aquel dictador contra el que se supo levantar! Y esa indignación se hace más intensa aun cuando este panorama de violencia política estatal es completado con el silencio cómplice de líderes políticos y referentes intelectuales (auto)proclamados de izquierda. La connivencia de cierto establishment intelectual –una izquierda oficialista que suele arrogarse la representación exclusiva de la “izquierda” – ha mutado al calor del poder gubernamental en un sucedáneo del más desbocado cinismo.

Denunciar esta situación tan dolorosa como inaceptable, alzar la voz contra los atropellos a los más elementales derechos y libertades que el actual gobierno nicaragüense viene realizando, no es sólo un deber de solidaridad humanitaria, es también un acto y un llamado colectivo a defender la memoria revolucionaria; a procurar evitar la consumación de esta degeneración política en curso.

No hay peor latrocinio que la defraudación política de la esperanza de los pueblos.
No hay peor saqueo que aquel que va dirigido a depredar las energías rebeldes por un mundo justo.

No hay peor imperialismo que el colonialismo interno que se torna violencia opresiva revestido de retórica antimperial.
Todo eso está aconteciendo en Nicaragua. La tierra que fuera símbolo fértil de la esperanza emancipatoria a fines de los años setenta se ha convertido en un campo más de autoritarismo.

Se ha mancillado la memoria de una de las revoluciones más nobles y esperanzadoras de nuestra América, como lo fue y sigue siendo la de Sandino; la memoria de luchas anticapitalistas de un pueblo sufrido pero valiente, ahora pisoteada para (intentar) encubrir la típica violencia ordinaria de un régimen dictatorial más, de esos que sobran y se repiten en nuestra historia. El otrora líder revolucionario, honrado por la confianza de su pueblo, hoy se ha convertido en dictador, ciego de poder y con sus manos manchadas de sangre joven. Tal el paisaje violentamente amargo de nuestra querida Nicaragua.

Alzamos nuestra voz para condenar públicamente la dictadura en la que se ha convertido el gobierno de Ortega-Murillo. Expresamos nuestra solidaridad para con el pueblo y la juventud hoy, una vez más, levantados en resistencia. Para apoyar y acompañar sus exigencias de diálogo y de paz, de poner fin a un gobierno ilegítimo y criminal que hoy usurpa la memoria sandinista. Lo hacemos con la convicción de que no se trata sólo de “salvar el honor” del pasado, sino, sobre todo, de rescatar y cuidar las semillas emancipatorias del futuro, que hoy se han puesto en riesgo.

17 de julio de 2018

Alberto Acosta (economista, Ecuador), Maristella Svampa (socióloga y escritora, Argentina), Raúl Zibechi (ensayista y escritor, Uruguay), Horacio Machado Aráoz (politólogo, Argentina), Hugo Blanco (activista, director de Lucha indígena, Perú), Pierre Salama (economista, Francia), Raphael Hoetmer (historiador, Perú), Roberto Gargarella (abogado, constitucionalista, Argentina), Massimo Modonesi (Unam, México), Edgardo Lander (sociólogo, Venezuela), Arturo Escobar (antropólogo, ambientalista, Colombia-Estados Unidos), Pierre Beaudet (profesor de ciencias sociales, Quebec, Canadá), Gina Vargas Valente (socióloga, feminista, Perú), Decio Machado (sociólogo, periodista español radicado en Ecuador), Horacio Tarcus (historiador, Argentina), Juanca Giles Macedo (educador popular, Perú), Beatriz Sarlo (ensayista, Argentina), Paulina Garzón (activista, Ecuador), José R López (Médico Investigador, Venezuela-Estado Unidos), Carlos Antonio Martín Soria dall’Orso (abogado, docente y activista ambiental, Perú), Reinhold Sohns (economista, Alemania), Mateo Martínez Abarca (filósofo, secretario de Participación Ciudadana y Control Social, Ecuador), Manuela Lavinas Picq (profesora, Universidad San Francisco de Quito, Ecuador), Yaku Pérez Guartambel (presidente de la Confederación de Pueblos Kichwas de Ecuador –Ecuarunari– y de la Coordinadora Andina de Organizaciones Indígenas –Caoi–), Ramiro Ávila Santamaría (abogado, Ecuador), Pedro Machado Orellana (Ecuador), Juan Cuvi (Fundación Donun, profesor universitario, Ecuador), Pablo Solon (Fundación Solon, Bolivia), Enrique Viale (abogado ambientalista, Argentina), Boris Marañón (Unam, México), Elizabeth Peredo (psicóloga social, Bolivia), Carlos de la Torre (sociólogo, Ecuador), Carlos Zorrilla (Intag, Ecuador), Carolina Ortiz Fernández (Umsm, Perú), Carlos Castro Riera (presidente del Colegio de Abogados del Azuay, Ecuador), Manfred Max-Neef (Universidad Austral de Chile), Santiago Arconada Rodríguez (activista del agua, Venezuela), Santiago Cahuasquí Cevallos, (antropólogo, abogado, Ecuador), María Fernanda López (geógrafa, Ecuador), Pablo Ospina (historiador, Ecuador)




Tuesday, June 26, 2018

¿Y ahora, qué?


Tal vez esta sea la pregunta que se hacen los millones de venezolanos que ingenuamente creyeron en el fantasioso y demagógico mensaje del abstencionismo radical e iracundo. Oposición que prometió, sin tenerla, una ruta alternativa al voto popular para salir del iletrado Maduro. Abstencionismo que nos desilusiona cada día más con su orfandad estratégica y su nivel de improvisación.

En el cajón de los recuerdos han quedado las ilusorias promesas del retiro masivo de embajadores después del 20M, la cacareada invasión de los marines de Mr. Trump, o la salida de Maduro producto de las sanciones de la comunidad internacional. Igualmente, las declaraciones temerarias del ex presidente Felipe González, que definió al régimen de Miraflores en “etapa terminal” y aconsejaba a los venezolanos resistir porque "el régimen de Maduro se caería solo”.

El Y ahora qué, es el cuestionamiento que le hacen muchos venezolanos a la oposición abstencionista que no supo entender el valor del voto, no como un mecanismo de consolidación del régimen dictatorial,  sino como una herramienta para debilitar y agrietar la hegemonía del facho-bolivariana. Es la misma oposición que ahora propone la alucinante idea de pedirle la renuncia a Nicolás de manera voluntaria o “empujada” como lo ha expresado el Padre Jesuita y Catedrático Luis Ugalde. Las afirmaciones del Padre Ugalde sorprenden por provenir de un respetado vocero de la disidencia política, alejado de los radicalismos en el pasado. Ugalde plantea una ruta exprés (una tercera salida) basada en la renuncia del dictador. Nadie duda de las debilidades del régimen de Maduro, de la gravedad de la crisis económico-social y política, de la escasez de alimentos y medicinas, de las violaciones de los derechos humanos, del aislamiento del régimen internacionalmente, sin embargo, pensar que el dictador Maduro va entregar el poder porque la oposición se lo solicite es una idea peregrina y fuera de la realidad.

Pero el Padre Ugalde además plantea que esa renuncia puede ser “empujada” por el pueblo y el estamento militar a fin de retomar el hilo democrático. Todos sabemos que sin un quiebre militar el “empujoncito del pueblo” no es suficiente. Pensar en los empujoncitos de la Fuerza Armada nos retrotrae a la experiencia chilena donde los sectores adversos al Presidente-mártir Salvador Allende recurrieron equivocadamente a los milicos en busca de esa “renuncia empujada”. Empujoncito verde oliva que se tradujo en una cruenta dictadura militar la cual se atornilló en el poder por 17 años y que dejó un saldo de 40 mil víctimas en el país del ilustre O'Higgins. Otros voceros han planteado la convocatoria a una huelga general para salir del vocinglero del Palacio de Misia Jacinta. Sus proponentes obvian que la mayoría de la fuerza laboral ha sido desplazada a la economía informal o trabaja para el Estado como empleados públicos (669.725 puestos de trabajo según cifras oficiales). Además, la oposición carece de una fuerza sindical con la capacidad organizativa suficiente para convocar a una tarea de esa envergadura. La CTV se ha transformado en un cascarón vacío donde cohabitan un grupo de burócratas con muy poca capacidad de convocatoria. Son simples alucinaciones de una dirigencia derrotada que apela a una estrategia hueca y epopéyica de “seguir luchando” sin saber a ciencias cierta el cómo y el para qué.

Los abstencionistas no tan solo han renunciado a la vía electoral sino supeditaron la salida de Maduro a los intereses de la administración Trump-Pence. Administración que no ha sido muy respetuosa de los derechos humanos en especial la de los inmigrantes de origen latino. Las administraciones de Trump y de Maduro han impuesto sus discursos de odio y exclusión de manera muy similar. El anglosajón en contra del inmigrante latino y el caribeño en contra del disidente político. Trump, el mejor aliado de los abstencionistas, decidió retirarse del Consejo de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas, boicoteó varias sesiones de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, ha separado a los hijos de sus padres, así como impuesto la deportación de inmigrantes indocumentados sin que medie juicio previo lo cual constituye una violación al debido proceso. Las imágenes de niños solos y encerrados en jaulas como animales son evidencias inequívocas de la política inhumana y cruel de la administración Trump-Pence. Además, no ha escondido su admiración por líderes autoritarios como el ruso Vladimir Putin, el egipcio Abdelfatá al Sisi o el filipino Rodrigo Duterte y ha llegado al extremo de legitimar el uso de la tortura. Hechos como esos cuestionan y ponen en entredicho la doble moral de los abstencionistas quienes dicen defender los derechos humanos, pero han convertido a Trump-Pence en sus mejores aliados y han sido incapaces de cuestionar estas atrocidades en contra de los inmigrantes latinos en los EEUU.

La fatídica estrategia abstencionista permitió la reelección de Maduro y su salida del poder solo será posible mediante la conformación de una nueva referencia opositora alejada de aquellos sectores que se empeñan en imponer una agenda exprés, dolorosa, sectaria, fracasada y divorciada de la realidad. Resulta asombroso que tras los fracasos de las salidas del 2014 y del 2017, el abstencionismo replantee de nuevo esta errada estrategia en el 2018. Las premuras e improvisaciones políticas solo generan ilusorias esperanzas que siempre terminan en dolorosas y lamentables experiencias sociales.



Friday, June 1, 2018

La cubanización de la oposición venezolana


No hay la menor duda que la oposición abstencionista ha renunciado a la ruta electoral mientras permanezca Maduro y su logia cívico-militar en Miraflores. En su lugar han propuesto una intervención militar extranjera y la profundización de las sanciones económicas en contra del régimen. Llama la atención que esa misma oposición que ha criticado y condenado con sobradas razones, el injerencismo cubano, ruso, chino e iraní en nuestros asuntos nacionales, sea ahora la que propicia y hasta suplica por una intervención militar extranjera. Opción militar que implica la pérdida de la soberanía, la integridad territorial y que actores externos, particularmente los Estados Unidos, influyan o determinen la gobernabilidad de nuestro país. Con su equivocada estrategia la oposición abstencionista “cubaniza” la solución de la crisis nacional al supeditarla al dictamen y la dirección de foráneos, en especial de los Estados Unidos.

Vale recordar que durante los últimos 59 años la disidencia cubana ha estado enfrascada en una desacertada y fantasiosa estrategia por derrotar el gobierno de la isla mediante sanciones económicas y financieras, intervención militar, así como la creación de un sistema paralelo de gobernabilidad en el exilio (gobiernos provisionales). Para aquellos que deliran y apuestan por el éxito de esta desatinada estrategia opositora, sería bueno recordarles que las sanciones económicas y financieras impuestas en el año 1960 y profundizadas años más tarde (Ley Cuban Democracy 1992; Ley Helms-Burton 1996) no han sido efectivas en provocar un cambio en el ordenamiento político interno de Cuba. Que la invasión de los “marines” a suelo cubano no ha ocurrido, ni ocurrirá y que el sistema paralelo de gobierno en el exilio ha sido un total fracaso.

La negativa a participar en el proceso eleccionario del pasado 20/5, aludiendo la falta de condiciones electorales equilibradas -CNE parcializado, migración de votantes, coacción y chantaje a los electores, votación asistida, entre otras- equivale a ignorar el carácter autoritario-militarista del proyecto bolivariano. Es obvio que un régimen dictatorial nunca va a garantizar las condiciones electorales que son propias de los gobiernos democráticos. Además, desde el ascenso al poder del proyecto facho-bolivariano (1998) todas las elecciones han sido viciadas, sin condiciones ideales, dado el control férreo que han ejercido los inquilinos de Miraflores sobre el poder electoral. Es oportuno recordar para los “desmemoriados” que la oposición participó en las regionales del año 2017 y en las parlamentarias del 2015 bajo condiciones electorales muy similares a las de las presidenciales del 5/20. Igualmente es válido tener presente que la arrolladora victoria parlamentaria del 2015 se logró pese a las perversidades impuestas por el CNE, el Plan República, y el control social impuesto por el régimen. Lamentablemente, la terquedad de los abstencionistas no les ha permitido entender que el descalificar el voto como instrumento de lucha solo ha beneficiado y beneficiará al proyecto facho-bolivariano en sus pretensiones continuistas en el poder. El abstencionismo ha destruido la confianza y el valor del voto ciudadano y con ello ha demolido la posibilidad de edificar una contra hegemonía electoral capaz de derrotar al facho-madurismo. Además, han cubanizado” la crisis, al supeditar su solución a los intereses de la impopular trilogía Trump, Pence y Pompeo. Insisten en recorrer caminos que ya demostraron su inefectividad en producir cambios en el ordenamiento interno en otros países en el pasado.

A semejanza de la experiencia cubana -paralelismo institucional- el abstencionismo ha propiciado la creación de un Tribunal Supremo de Justicia en el exilio cuya orfandad jurídica e institucional es preocupante. Recordemos que la Asamblea Nacional no eligió a un TSJ en el exilio, solo eligió a 13 Magistrados y sus suplentes, quienes fueron forzados a abandonar el país dada la brutal represión policial en su contra. Este TSJ en el exilio ha dictado sentencias cuyo acatamiento institucional representa una de las tantas quimeras que repiten a diario los abstencionistas y que solo han generado falsas expectativas y una mayor confusión. Igualmente ha sucedido con el caso de la Fiscal General de la República en el exilio que, a pesar de su aceptación por parte de muchas personalidades, incluyendo ex-Presidentes de la región no goza del reconocimiento institucional de ningún gobierno, ni de organismos internacionales. Las acciones y dictámenes del TSJ y de la Fiscal General son puramente simbólicas. Siguiendo el ya frustrado libreto cubano ya muchos voceros del abstencionismo están solicitando la constitución de un CNE en el exilio que “anule las elecciones” del pasado 5/20 y de un gobierno provisional en el exilio que “invite a los marines” a desembarcar en nuestras costas. Mayor similitud con la desatinada y fracasada disidencia política cubana radicada en Miami es imposible.

La estrategia suicida del abstencionismo se resume en renunciar a la construcción de una referencia contra-hegemónica electoral, pedir más sanciones contra el régimen, y suplicar una intervención extranjera. Todos estos dislates políticos han conducido a la entrega -sin resistencia- de espacios previamente conquistados como gobernaciones, alcaldías, y consejos regionales y el haber desaprovechado la oportunidad histórica de conquistar la Presidencia de la República. Penosamente han copiado el libreto de la oposición cubana miamera.

La cúpula opositora pretende imponernos una equivocada salida que solo favorece al proyecto de dominación facho-bolivariano. Mientras se insista en una ruta con impronta cubana que lleva 59 años de fracasos, la derrota del facho-madurismo luce incierta y fantasiosa.