Thursday, March 15, 2018

El voto en tiempos de dictadura

La crisis política, económica, social, y humanitaria del país sigue agudizándose en forma dramática. El régimen del iletrado Maduro decidió huir hacia adelante anticipando las elecciones presidenciales de 2019. Primero, para el 22 de abril de 2018; luego, en un intento de darles una mayor apariencia de legitimidad, volvió a aplazarlas, esta vez para el próximo 20 de mayo. La disidencia política, agrupada mayoritariamente en torno a la MUD, sorpresivamente y equivocadamente decidió abstenerse, haciéndole así el juego a quienes, desde posiciones más radicales, niegan la opción electoral como salida a la crisis que enfrenta el país. Han abandonado la lucha electoral sin definir ninguna otra alternativa.

Una vez más, la disidencia política agrupada en torno a la MUD ha dado muestra de carecer de una estrategia política para enfrentar a la dictadura facho-Madurista. Justifican su abstencionismo coyuntural alegando la falta de condiciones para participar en el proceso eleccionario. Inexplicablemente ignoran que bajo la dictadura bolivariana todas las elecciones serán viciadas —sin condiciones ideales—, pues el régimen ejerce un control férreo sobre todos los poderes e instituciones, en especial el electoral. No es un secreto para nadie que el régimen ha pervertido los procesos electorales y los ha contaminado, utilizando el CNE y el TSJ como custodios genuflexos de sus designios. Bien lo decía el escritor y expresidente checo Václav Havel: ¿Tiene sentido apelar a las leyes cuando estas son solamente una fachada tras la cual se oculta una manipulación totalizante?.

No participar bajo el pretexto de que el régimen forajido facho-bolivariano se niega a cambiar las condiciones adversas (CNE parcializado, ventajismo electoral, coacción y chantaje a los electores, militarización del país, etc.), equivale a ignorar el carácter dictatorial del régimen. Es renunciar, en la práctica, a la vía electoral. Si así lo hubiesen pensado los integrantes de la Concertación chilena, tal vez Pinochet aún estaría en el poder si no hubiera fallecido. No olvidemos, que en el 2015 derrotamos al régimen en situaciones muy similares a las de hoy, pero con una participación masiva, un discurso coherente, una verdadera unidad y una eficiente organización electoral. Frente a una avalancha de votos no hay CNE, ni Plan República, ni trampa que valga.

Con esta decisión, los neoabstencionistas de la MUD han replanteado la equivocada disyuntiva entre votar y abstenerse. Lamentablemente hacen causa común con María Corina Machado y Antonio Ledezma, voceros de poca ascendencia popular, pero con importante influencia mediática y lobby internacional. Eternos proponentes de soluciones fantasiosas y fracasadas (desde “salidas milagrosas” (2014-2017), pasando por golpes militares y hasta por invasiones de los marines de Mr. Trump). Publicistas de los “salvadores externos” encarnados por el defenestrado Tillerson y ahora por Mike Pompeo, exdirector de la CIA y nuevo jefe del Departamento de Estado del Tío Sam. Argumentan que no vale la pena votar, ya que la vía electoral ha sido cancelada; afirman falazmente que las dictaduras sólo caen con violencia y con la calle; estigmatizan de “ingenuos o colaboracionistas” a todo aquel que promueve la participación en procesos electorales. Aseveran que votar en estos comicios presidenciales supone un acto de legitimación del régimen del ungido Maduro y de su repudiada e inconstitucional asamblea nacional constituyente. Manipulan emocionalmente a la ciudadanía con medias verdades. Olvidan estos perdedores de mil batallas que votar bajo un régimen dictatorial es un acto de rebeldía, de expresión de libertad, no de sumisión o colaboracionismo. Se trata de movilizar, politizar y organizar a esos amplios sectores sociales que han manifestado su disconformidad ante el régimen milico-madurista. Es una oportunidad para llevar un mensaje de lucha y esperanza a esa gran mayoría frustrada que padece los embates del autoritarismo y exclusión del régimen. Se trata de avanzar, de sumar, de seguir luchando, de resistir hasta derrotar los grilletes impuestos por la peste facho-bolivariana.

Históricamente, la abstención no ha resuelto nada, recordemos que el llamado a la no participación en las elecciones parlamentarias de 2005 fue claramente un error. Le permitió al régimen legitimarse electoralmente y hacerse de un andamiaje jurídico para consolidar su proyecto antinacional. La abstención es lo que buscan los capitostes del facho-bolivarianismo, deslegitimar el valor del voto ciudadano. De allí la importancia de no abandonar el camino electoral como instrumento de lucha antidictatorial, aún en las condiciones más adversas, como enfrentar una arquitectura electoral ventajista que inhabilita candidatos, ilegaliza partidos, inhabilitaciones, siembra dudas sobre el secreto del sufragio, rediseña el mapa electoral, manipula y chantajea al elector. Los comicios deben encararse como un ejercicio de resistencia, incluso en circunstancias en las que la victoria no se visualice en el horizonte inmediato.

Lo contradictorio y paradójico de la coyuntura política actual es que, a pesar de existir una gran mayoría de venezolanos que desean cambios y detestan al régimen de Maduro, las diferentes fracciones de la oposición han malbaratado su enorme capital político y han perdido la popularidad conquistada en el 2015, cuando ganaron la mayoría de la Asamblea Nacional. Lejos de consolidar a esa gran mayoría, la han confundido, desinformado, dividido, desmotivado, así como sembrado fantasías y falsas salidas. Son las incoherencias de una dirección sin rumbo, sumida y empantanada en sus propios errores, que terminarán por consolidar al proyecto hegemónico facho-bolivariano.

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