Los abstencionismos (históricos y coyunturales) promueven una política de rendición sin pena ni gloria ante el proceso electoral del próximo 20 de mayo. Los históricos se confiesan como enemigos de cualquier alternativa electoral en tiempo de dictadura, los coyunturales, por su parte, se definen confusamente como “no abstencionistas, pero se abstienen”. Los abstencionistas hablan de no participar en los comicios, pero no ofrecen un plan de acción alterno que permita superar la tragedia que significa el facho-chavismo-madurismo.
Los abstencionistas no han logrado entender que todos los éxitos de la
disidencia política, sin excepción, han sido de carácter electoral a pesar de
las condiciones adversas e injustas impuestas por el servil poder electoral. Sorpresivamente, diversos partidos políticos y el recién creado Frente Amplio Nacional han
abandonado la ruta electoral al decidir no participar en las próximas
elecciones presidenciales. Hacen causa común con los abstencionistas
históricos, quienes fantasean con golpes o invasiones militares.
Prefieren creer en una Fuerza Armada pretoriana de impronta represiva que en el
valor del voto popular. Institución armada creada y adoctrinada a fin de
garantizar la
"paz social" y la "gobernabilidad" del proyecto hegemónico mediante
la represión y la muerte; otros claman por la llegada a nuestras costas de los marines del Tío Sam
portando la bandera de las barras y las cincuenta estrellas. Muy seguramente los
abstencionistas de viejo y nuevo cuño se quedarán esperando al Mesías uniformado,
al igual que el famoso coronel del
Gabo a quien nunca le llegó su ansiada pensión de veterano de la guerra
civil.
Las excusas han sido muchas desde que votar
significa legitimar a la dictadura (¿hay alguna dictadura legítima?),
hasta reclamar mejores condiciones electorales (nunca
las habrá en tiempos de dictadura). Es bien sabido que a las
dictaduras —no importa su tendencia ideológica— les da por convocar elecciones o
plebiscitos sin garantizar las condiciones mínimas propias de una
consulta democrática. Exigir condiciones equitativas a un poder electoral
supeditado a los deseos del dictador Maduro es una quimera. Si el iletrado
Maduro es un dictador, como lo sostienen los abstencionistas, ¿cómo pedirle
a un régimen dictatorial condiciones ajenas a su ADN? Es sorprendente ver a
quienes han participado en procesos electorales desde 1999, caracterizados por
el ventajismo, la violencia, el abuso de poder, el terror, y organizados por
CNEs parcializados, recurrir a la simulada excusa de “que no hay condiciones
para participar”. Condicionar la participación electoral al logro de
condiciones propias de una democracia en tiempos de dictadura no es otra cosa
que consentir la eternización en el poder de Maduro y su socialfascismo
bolivariano. Es decir, mayor miseria y hambruna, escasez e hiperinflación,
violación de los derechos humanos y militarización de la sociedad en los años
por venir. La historia nos ha demostrado que las elecciones no se ganan con
condiciones, sino con una participación masiva del electorado y una buena
organización electoral, en especial de los testigos de mesa.
Los abstencionistas ignoran el valor del voto como instrumento de lucha,
y se olvidan que el pueblo venezolano no ha dejado de votar a lo largo de
estos 20 años de peste bolivariana a pesar de las precarias condiciones
impuestas por los siniestros CNEs. Tan solo se abstuvo en el 2005 siguiendo las
equivocadas directrices de la oposición, con lo cual se le entregó en bandeja
de plata al tte coronel Chávez la posibilidad de consolidar
“demócratamente" su bastardo proyecto hegemónico vía leyes habilitantes y
decretos, e imponer su paquete neoliberal.
Los que reniegan de la vía electoral no cuentan con
mayor respaldo popular como lo reflejan los estudios de opinión que indican que
un alto porcentaje de venezolanos están dispuesto a votar (77,6% % deseos de
participar en los comicios versus 12,3
% que no desean - Datanálisis 6/03/18). Sin embargo, si tienen un gran apoyo
internacional (Grupo de Lima, Parlamento Europeo, presidentes de gobiernos extranjeros, etc.). Apoyos que son agradecidos, pero que, en algunas circunstancias, trascienden los marcos de la solidaridad y se inmiscuyen en nuestra
política nacional. Las declaraciones del Secretario General de la
Organización de Estados Americanos, Luis Almagro, y del expresidente Felipe
González así lo demuestran. El Señor Almagro en forma destemplada acusó a Henri
Falcón de ser instrumento del régimen bolivariano para dividir a la oposición
venezolana. A su vez, el señor González le pidió al Falcón que no se convirtiera en el “taparrabos” del dictador Maduro. Con todo el
respeto que se merece el Sr. Almagro, acusar a quienes creemos en la salida
electoral de ser cómplices del régimen es una falacia que
excede los límites de la dignidad. Igualmente, Sr. González, deje ya de darle credibilidad a las chismes del
Sr. Ledezma e infórmese mejor de la situación del país. Ante la falta de argumentos válidos, invierten sus menguadas fuerzas en descalificar y estigmatizar a todo
aquel que sea proclive a la salida electoral.
Quienes hoy llaman a abstenerse son los mismos que dilapidaron los siete millones de votos del 2015, los
que dirigieron las dolorosas y trágicas salidas de 2016-2017, los que, con sus errores, nos llevaron a la derrota en las elecciones de
gobernadores del 2017. Son los que apuestan a soluciones fantasiosas, mientras
miles de venezolanos escarban en la
basura en busca de algo que comer, y otros mueren por falta de medicinas
o padecen los embates de una represión desenfrenada.

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