José Rafael López Padrino
Decir la verdad es siempre revolucionario Antonio Gramsci
Saturday, March 15, 2025
Trump y Ucrania: El trasfondo económico de un conflicto aparentemente ideológico
Friday, February 28, 2025
El Trumpismo: Posverdad, proteccionismo, xenofobia y oscurantismo
El fenómeno político de la posverdad adquirió importancia durante el primer mandato presidencial de Mr. Trump, y ha experimentado un renovado auge con su regreso reciente a la Casa Blanca. En el ámbito filosófico, la posverdad se conceptualiza como la alteración de la realidad con el fin de modificar actitudes y opiniones dentro del público general. En este contexto, la verdad es distorsionada, manipulada o ignorada en favor de narrativas que fortalecen prejuicios e intereses específicos.
En los primeros días de este segundo mandato presidencial, Mr. Trump ha impulsado y popularizado nuevamente el concepto de "posverdad" en el ámbito político e institucional. Durante su primer período en el cargo y su campaña electoral, Trump fue acusado de divulgar información incorrecta y de manipular hechos mediante afirmaciones no verificadas, lo que fomentó un clima de desinformación. Ejemplos de esto incluyen su insistencia en teorías como el fraude electoral masivo sin base evidente, o el uso de mensajes que apelaban a emociones y prejuicios en lugar de sustentarse en datos verificables. Ahora, vuelve a emplear su estrategia de posverdad al afirmar que la Unión Europea (UE) fue creada con el único propósito de generar inestabilidad económica y política en Estados Unidos y, por lo tanto, justifica su política proteccionista al aumentar en un 25% los aranceles sobre las importaciones provenientes de la UE. Además, al transgredir el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) (1/07/2020) e invocando la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional, planea imponer nuevos aranceles del 25% sobre productos importados de México y Canadá. Estas medidas comerciales, claramente de naturaleza proteccionista y fundamentadas en premisas infundadas, han generado tensiones económicas a nivel global y han suscitado temores de impactos negativos sobre el poder adquisitivo de los consumidores estadounidenses, debido al aumento de costos para las empresas que dependen de insumos extranjeros.
La retórica y las políticas de Mr.Trump han sido xenófobas. Desde su primera campaña presidencial en 2016, Trump ha vinculado diversos problemas nacionales, como la inseguridad y la economía, con la presencia de inmigrantes, utilizando este enfoque como eje central de su estrategia política. Con su segunda llegada a la Casa Blanca su administración ha tomado decisiones que afectan a las comunidades inmigrantes, como la eliminación de la ciudadanía por derecho de nacimiento lo cual contraviene la Decimocuarta Enmienda la cual garantiza la ciudadanía estadounidense a cualquier persona “nacida en los Estados Unidos y sujeta a su jurisdicción. Las deportaciones masivas de inmigrantes ("la más grande" en la historia de Estados Unidos) no solo están dirigidas a inmigrantes indocumentados, sino también a personas actualmente protegidas por programas como la Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA), el Estatus de Protección Temporal (TPS), la Salida Forzosa Diferida (DED), y los programas de libertad condicional humanitaria (humanitarian parole) implementados durante la administración Biden. Mr. Trump ha invocado la Ley de Enemigos Extranjeros de 1798, una disposición aun vigente, destinada a acelerar las deportaciones al clasificar a ciertos grupos como amenazas a la seguridad nacional; mecanismo que permitiría evadir los trámites propios del debido proceso. Estamos ante una nueva forma de limpieza étnica llevada a cabo por los MAGA bajo el pretexto de la "seguridad nacional". Asimismo, como parte de la política antiinmigratoria, la Secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, decretó la suspensión del programa de TPS para los ciudadanos venezolanos, cuya cifra asciende a aproximadamente 600,000 individuos, argumentando que su permanencia temporal en Estados Unidos se considera "contraria al interés nacional".
A pesar del breve tiempo, la administración Trump ha implementado políticas que plantean riesgos significativos para la integridad de la investigación científica y la libertad académica. Ha promovido una narrativa contraria a la ciencia fundamentada en una posverdad característica de su gestión. La actitud de desvalorizar el conocimiento especializado se ha reflejado en un desprecio constante hacia la ciencia, el rechazo a la investigación y la negación de consensos científicos consolidados. Un ejemplo distinguido es el nombramiento de Robert F. Kennedy Jr. como secretario de Salud, a pesar de su historial de difusión de información errónea sobre vacunas y otros temas de salud pública. Además, amenazado con imponer restricciones financieras a proyectos de investigación ya existentes y con no financiar aquellos que no se alineen con su ideología política. Esta manipulación de la agenda científica constituye un intento de controlar el conocimiento desde el poder, debilitando la capacidad crítica de la sociedad.
La preeminencia de la posverdad, el proteccionismo, la xenofobia y el oscurantismo impulsados por Mr. Trump no son accidentales; constituyen una estrategia meticulosamente diseñada para empoderar su perverso proyecto político. Mediante la manipulación de la información y la desinformación sistemática, los actores en el poder han conseguido que la falacia, la exclusión y la ignorancia no solo sean toleradas, sino que se conviertan en pilares fundamentales de la gobernabilidad de los próximos 4 años.
Sunday, February 16, 2025
Votar en dictadura: estrategia de resistencia o legitimación
Sunday, January 12, 2025
El perverso arte de construir espejismos
Thursday, December 26, 2024
El Terror como Instrumento de Poder
El término Sippenhaft, traducido como "culpabilidad por asociación familiar," tiene sus raíces en la Alemania nazi, donde se utilizaba para castigar a los familiares de quienes eran considerados enemigos del régimen. Este concepto jurídico, implementado durante el Tercer Reich, establecía que la responsabilidad penal de una persona acusada de crímenes contra el Estado se extendía automáticamente a sus familiares. Estos eran considerados igualmente culpables, arrestados e incluso, en algunos casos, condenados a muerte por los actos cometidos por su pariente acusado.
Este adefesio jurídico, asociado a los horrores del nazismo bajo el liderazgo de Heinrich Himmler, jefe máximo de las SS, ha trascendido su contexto histórico original y resurgido como una herramienta de coerción en diversos regímenes represivos contemporáneos, como lo ha hecho el proyecto autoritario del facho-chavismo-madurísimo
En los últimos tiempos, la represión en Venezuela, no se limitado únicamente a los individuos que se posiciona como disidente del régimen. Víctimas de la barbarie que suelen ser deshumanizadas y etiquetadas como "traidores" o "enemigos de la patria". La misma se ha extendido a los familiares de opositores políticos, periodistas, activistas de derechos humanos o incluso miembros de la Fuerza Armada quienes han sido blanco de amenazas, persecuciones, detenciones arbitrarias e incluso tortura. Múltiples han sido los casos en los que organismos de seguridad del Estado, como el SEBIN, la Policía Nacional y la DGCIM, han detenido y torturado a familiares de militares o políticos opositores, bajo la acusación de "cómplices" o como represalia directa por las acciones de sus parientes. Esta práctica bolivariana ha tenido un doble propósito: chantajear emocionalmente al detenido y sembrar miedo y terror entre sus familiares.
Vale acotar que la lógica de la forma parte parte del terrorismo de Estado, concebido dentro de la aberrante doctrina de seguridad nacional bolivariana. Doctrina en los cuales conceptos como territorialidad, soberanía, enemigo interno y externo, así como el desarrollo de la nación, fueron redefinidos en función de los objetivos geopolíticos del proyecto autoritario bolivariano.
El uso del Sippenhaft por parte de los organismos represivos del Estado no solo constituye una violación de derechos humanos fundamentales, sino que también infringe principios básicos del derecho internacional, como el derecho a la presunción de inocencia y la prohibición de castigos colectivos. Estas acciones pueden ser analizadas desde la perspectiva de crímenes de lesa humanidad, tal como lo ha señalado la Misión Internacional Independiente de Determinación de los Hechos de la ONU.
La implementación de prácticas similares al Sippenhaft por parte del autoritarismo bolivariano pone de manifiesto la desesperación de un régimen que, ante la pérdida de apoyo popular y de legitimidad, busca aferrarse al poder a toda costa, incluso a través de la represión indiscriminada. El castigo colectivo, lejos de ser una herramienta eficaz de control, revela las fracturas internas de un sistema que, al desmoronarse, recurre al miedo como su último recurso para intentar someter a la población. Estas prácticas no solo violan los derechos humanos fundamentales, sino que también evidencian la fragilidad de un régimen facho que, incapaz de garantizar la justicia, recurre a la violencia para intentar asegurar su permanencia.
La historia ha demostrado una y otra vez que, aunque los regímenes autoritarios puedan sembrar el terror y someter a los pueblos a través de tácticas de represión brutal, no pueden suprimir indefinidamente el anhelo de libertad y justicia que late en el corazón de las naciones. Los pueblos siempre encuentran el camino hacia la libertad."
Tuesday, December 24, 2024
Que el espíritu de esta temporada nos inspire a mantener viva la esperanza y la unidad. Que en cada rincón de nuestra patria lata el sueño de la libertad, justicia y paz.
Que esta Navidad renueve nuestra esperanza y nos brinde la certeza de que los tiempos oscuros no son eternos. Que cada estrella en el cielo nos recuerde que siempre hay luz después de la tormenta.
¡Feliz Navidad! Que el 2025 sea el año en que Venezuela se alce libre, soberana y sin presos políticos
Monday, November 4, 2024
La coyuntura desaprovechada
Entre el 29 y el 30 de julio, los sectores populares de Venezuela lideraron masivas movilizaciones en protesta contra el fraude electoral y el irrespeto a la voluntad popular expresada el 28/7, perpetrados por Maduro y sus milicos.
El régimen se vio sorprendido por la magnitud y el perfil socioeconómico de las protestas. El aparato represivo de Maduro se mostró torpe e inicialmente ineficaz, mientras las manifestaciones se extendían por todo el país. La naturaleza sorpresiva y espontanea de estas protestas desbordó la capacidad de respuesta de las fuerzas de represivas del régimen. Lamentablemente, las protestas no condujeron a una verdadera insurrección popular que hubiese permitido “cobrar” el resultado electoral del 28/7. Existían condiciones objetivas (desempleo, inflación, falta de libertades, corrupción, hambre y miseria) y subjetivas (momento desencadenante -fraude-, esperanzas de cambio) que creaban el escenario ideal para el surgimiento de una rebelión popular. Lastimosamente, la dirigencia opositora optó por redactar proclamas laudatorias en torno al 28/7, en lugar de haber asumido la dirección política de esas protestas libertarias. Con ello, se perdió la coyuntura, la oportunidad hacer valer la voluntad popular expresada el 28/7, y por ende un nuevo despertar democrático.
La orfandad política y organizativa le permitió al régimen literalmente “aplastar” las protestas populares. La oleada represiva se tradujo en el asesinato de 28 jóvenes y en la detención de más de 2.000 personas, incluyendo un elevado número de menores de edad, mujeres y líderes sociales. Los detenidos, etiquetados como terroristas, han sido sometidos a torturas físicas y psicológicas, además de enfrentar procesos judiciales arbitrarios. Maduro y sus militares impusieron un terrorismo de Estado que sembró miedo, terror y muerte.
La esperanza de un cambio político ha comenzado a desvanecerse, y el espíritu de resistencia, especialmente en los sectores populares, se ha debilitado. La intimidación, la represión y la violencia han erosionado el ánimo de quienes alguna vez acariciaron la posibilidad de un cambio político el pasado 28/7. Donde alguna vez brotó la esperanza, ahora reinan el miedo y el temor.
Convertir el 10 de enero de 2025, fecha de la juramentación presidencial, en un punto de inflexión para el cambio político es un grave error. La idea de que Edmundo González asuma la presidencia ese día es una de las menos probables (TalCual, 31/10/2024); de hecho, es posible que nunca lo haga. Esta estrategia ilusoria ha sido fomentada por sectores fanatizados de la oposición y por opinadores oportunistas que se lucran explotando esa esperanza. Desde una perspectiva política, esto equivale a entregarle a Maduro una victoria política en bandeja de plata, generando frustración entre quienes anhelan un cambio político.
Es momento de diseñar una nueva estrategia postelectoral realista, orientada hacia la construcción de un movimiento inclusivo y diverso, libre de hiperliderazgos hegemónicos, que sea capaz de representar de manera plural las distintas voces de la sociedad. Esta estrategia debe fundamentarse en la defensa de la Constitución Nacional, la lucha por los derechos sociales y la libertad de los presos políticos, quienes han sido invisibilizados y criminalizados por el régimen y abandonados por los actores políticos. La tarea no es sencilla, pero es el único camino hacia el derrocamiento del régimen de facto que representará Maduro a partir del 10 de enero de 2025.