En la Venezuela donde la simulación y la
suplantación de la verdad por la mentira se ha transformado en política oficial,
las tácticas perversas de propaganda de Joseph Goebbels, ministro de propaganda
de la Alemania hitleriana, vuelven a tener vigencia por parte de la
nomenclatura bolivariana a fin de llenar sus grandes vacíos de verdades.
Muestra de ese Goebbelianismo es la sistemática
denuncia de magnicidios, desestabilizaciones y más recientemente de “guerras”
que atentan contra la estabilidad de la Patria. Una de ellas ha sido la
económica, la cual es la responsable de la escasez de alimentos, de medicamentos
e insumos industriales, por supuesto, promovida por el imperio norteamericano y
la oposición. En lugar de reconocer el fracaso de su Estadolatria militarizada,
Maduro trata de hacernos creer que los anaqueles y estantes vacíos de supermercados
y farmacias es porque los venezolanos consumimos (alimentos y medicinas) más de
lo debido y que los productores nacionales están fomentando el contrabando.
Haciendo suyo la vieja consigna Goebbeliana de
“miente, miente que algo quedará” el heredero sin méritos inventa además ser victima
de otra guerra, la mediática. No satisfecho con la hegemonía comunicacional
oficialista establecida a través de la censura, autocensura o la compra de
medios, el cucuteño de Miraflores se molesta cuando los medios de comunicación nacional
e internacional reseñan informaciones sobre los apagones, las víctimas de la
violencia, la represión contra los estudiantes, los atropellos a los
trabajadores, entre muchos otros. Pretende que todo el mundo acepte sus
realidades fantaseadas, sus deliberadas mentiras a fin de ocultar la debacle en
la cual se encuentra el país.
Como buenos fabricantes de mentiras, el gran charlatán
cucuteño no se le ha ocurrido otra cosa que denunciar una nueva guerra contra Venezuela,
en esta oportunidad una “guerra bacteriológica” al acusar a la oposición de
introducir “virus” en el Hospital de Maracay. Tal afirmación además de reflejar
una ignorancia supina, pretende ocultar la magnitud del fracaso de su política
sanitaria. Desastre que se evidencia en el colapso de los servicios médicos, en
la carencia de medicamentos e insumos hospitalarios, en el repunte de epidemias
como el Dengue (45.745 casos de acuerdo a cifras oficiales) y el Chikungunya (2.000
casos según la ministra, más de 65.000 casos según estimaciones de la Sociedad Venezolana
de Infectología).
Es evidente que la elite autoritaria que
“desgobierna” al país ha hecho suya la máxima de Goebbels: “Si no puedes negar
las malas noticias, inventa otras que las distraigan”. En la Venezuela
bolivariana la mentira como matriz informativa y el control absoluto de los
medios de comunicación se han convertido en una de las mejores herramientas para
obnubilar a las masas a fin de consolidar en el poder a la nomenclatura
bolivariana y su narcogeneralato.
En el país escasea todo menos las falacias del
régimen.
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