Thursday, September 10, 2015

Adoración y veneración al líder supremo y eterno


Existe una analogía conceptual e histórica entre los proyectos tiránicos y la conversión de una personalidad gobernante en un fetiche mesiánico. El socialfascismo bolivariano desde su fundación ha descansado sobre un nefasto culto a la personalidad del ya fallecido tte coronel. Mesianismo monárquico que él mismo promovió en vida sin ningún tipo de escrúpulo o miramiento. Siempre se proyectó como el redentor deseoso de insertarse en el panteón de los próceres de la Patria.

La resolución del Ministerio de Educación que acaba de ser publicada (Gaceta Oficial # 40.739) establece como efemérides escolares el natalicio del tte coronel (28/07) y su fallecimiento (05/03/?). Esta infeliz resolución ordena de manera explicita que todos los centros educativos oficiales, estadales, municipales y privados realicen actividades alusivas a esas fechas durante la semana de celebración. Esta nueva resolución es una demostración más del nauseabundo culto a la personalidad al tte coronel que se propicia desde las altas esferas del régimen.

El socialfascismo bolivariano no ha cesado en publicitar falazmente la figura del tte coronel como el salvador de la Patria humillada, como el padre fundador de la nueva República, y el heredero histórico de los legados libertarios de Simón Bolívar. Campaña siniestra que se ha intensificado después de su misteriosa muerte a través de la poderosa red propagandística del régimen. Cruzada que no se ha limitado sólo a la promoción de su imagen en franelas, afiches, pendones, gigantografías, cadenas de radio y televisión, sino también la designación con su nombre de cuanta obra construye el régimen y mediante la creación de un instituto dedicado a salvaguardar el “legado del comandante galáctico” (entiéndase la destrucción del país). No hay espacio público del territorio nacional donde no este presente (rostro, firma, ojos) del “gigante”, del “comandante supremo”, del “líder eterno”. Repugnante culto a la personalidad que supera con creces cualquier experiencia previa en nuestra historia Republicana.

Este asqueroso culto a la personalidad ha sido reconocido hasta por los propios intelectuales al servicio del régimen, quienes apelando a un discurso meloso, y timorato, lo llegaron a calificar de “hiperliderazgo presidencial” (Reunión Intelectuales, democracia y socialismo: callejones sin salida y caminos de apertura – Foro Miranda - 06/2009). A pesar de lo cuidadoso y delicado que fueron los felicitadores de oficio que participaron en dicho evento (Eleazar Díaz Rangel, Luis Britto García, Roberto Hernández Montoya, Rigoberto Lanz, Miguel Ángel Pérez, entre otros) sus asustadizas observaciones fueron descalificadas y satanizadas por la nomenclatura bolivariana. Esta concepción providencialista de la divinidad del ya fallecido comandante eterno, ha impuesto obediencias incondicionales, disciplinas verticales, y el cese de toda crítica ("credere, obedire, combatere" Benito Mussolini).

Acá no hay revolución alguna, sino un proyecto basado en la omnipresencia y veneración de un supuesto profeta tropical que ya alcanza tintes novelescos. Las revoluciones verdaderamente son obra de un esfuerzo colectivo, basadas en proyectos libertarios, que escapan a la discrecionalidad de cualquier “líder fundamental”. El insepulto tte coronel, no pertenece a la genealogía del pensamiento de Marx, quien concibió la historia en términos de lucha de clases sociales, su figura lamentablemente se inscribe en la ideología autoritaria, la de los héroes que guían al “pueblo”, y supuestamente lo encarnan, y redimen.

Obligar a los niños venezolanos a celebrar el nacimiento y muerte (?) del tte coronel es algo sin precedente en nuestra historia. No hay razón para aclamar el nacimiento de un oficial tropero autoritario, que impuso violentando las leyes de la República: la militarización de la sociedad, una hegemonía mediática, la persecución de la disidencia, el monopolio de la verdad, y la liquidación de los logros laborales y sociales de los trabajadores. Es una ignominia rendirle pleitesía "al autoritario estafador del siglo XXI".

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