Wednesday, April 25, 2018

Los atajos fantasiosos y simbólicos de la oposición.

Los abstencionistas no cesan en urdir nuevas fantasías. Oscurecida por la niebla del fracaso de la reunión en Lima ahora los abstencionistas cifran sus irreales esperanzas en la nueva reunión del Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos (OEA) para el 4/30/18, en el antejuicio de mérito al iletrado de Miraflores y al no reconocimiento del resultado de la elección presidencial del próximo 5/20/18 por parte de la comunidad internacional. Todo ello a sabiendas que no contamos con los votos suficientes en la OEA (24 votos) para la aprobación de la Carta Democrática en contra de la dictadura de Maduro y su logia cívico-militar, pues solo 16 países aprobaron la declaración en favor de Venezuela en la pasada Cumbre de las Américas. Es necesario concientizar que el antejuicio de mérito no pasa de ser un hecho político-simbólico pues la Fuerza Armada es una entelequia que se encuentra muy lejos de poder cumplir con su rol constitucional, al estar carcomida por la corrupción y el narcotráfico. En relación a los gobiernos que han declarado que no reconocerán el resultado del próximo proceso electoral, es un hecho que está por verse. No existe base jurídica en el Derecho Internacional que sustente tal postura; la misma contradice uno de los principios fundamentales del Derecho Internacional en lo correspondiente al respeto a la soberanía y la no intervención en los asuntos internos de los Estados (Artículo 15, Carta de la OEA). Ello sin mencionar aquellos que alimentan sus ilusorias expectativas con invasiones extranjeras o dictaduras militares humanistas en el futuro próximo. Los abstencionistas en su discurso anti-electoral propalan imaginarios derroteros para salir de Maduro sin decir el ¿Cómo?.

Sorpresivamente muchos de quienes hoy afirman que la vía electoral está agotada, son los mismos que no hace mucho tiempo afirmaban que “La ruta para sacar a Maduro será la electoral; lo vamos a sacar con votos”. Inexplicablemente hoy hacen causa común con sectores obstinadamente defensores de la abstención, responsables de dolorosos errores en el pasado. Constituyen esa oposición entrampada en su laberinto estratégico carente de un discurso coherente y que hoy le rinden culto a las impensadas prácticas simbólicas y efectistas.

Lamentablemente llamar a la abstención favorece a Maduro en sus pretensiones continuistas. La estrategia del régimen consiste, más que en ganar las elecciones, es lograr que la oposición las pierda. Para ello el oficialismo hace el mayor de sus esfuerzos por fomentar y exacerbar la tendencia abstencionista en el seno de la oposición. Los estrategas del régimen sueñan con lograr que la gran mayoría de los venezolanos abandonemos el voto como instrumento de lucha. Estamos presenciando un escenario electoral muy similar al de las pasadas elecciones regionales (15/10/17) donde el abstencionismo fue incapaz de entender que una victoria electoral opositora reforzaría la capacidad organizativa y de movilización de la disidencia en esos estados y generaría una mayor disposición para seguir luchando. Lamentable la tozudez del abstencionismo permitió que la mayoría de las gobernaciones quedaran en manos del facho-chavismo-madurismo (17) a cambio de nada.

Los voceros del abstencionismo, en medio de sus sueños fantasmales, no han logrado entender que el régimen busca a toda costa desmovilizar a los ciudadanos a fin de que no sean un obstáculo insalvable a sus ambiciones de eternizarse en el poder. Se empeñan en calificar la lucha electoral como inútil, que no hay nada que hacer pues el régimen ya tiene garantizada la victoria para el 20 de mayo. Promocionan la invencibilidad del régimen a pesar de que los estudios de opinión reflejan una desaprobación del 80% de los electores. Dar por pérdida una contienda electoral (siendo mayoría) es una táctica suicida, que solo genera frustración y desmoralización en las masas. No hay sombra de duda que la elección presidencial se dará con un Consejo Nacional Electoral (CNE) al servicio del régimen, unas Fuerzas Armadas que actúan como cuerpo pretoriano del inquilino de Miraflores, donde el chantaje y la coacción serán parte del “acarreo electoral” del oficialismo y el uso impúdico de los recursos del Estado será la normativa de la campaña. Hay que recordar que en tiempos de dictadura nunca habrá condiciones electorales equitativas, ni elecciones transparentes. Sin embargo, no por ello debemos renunciar a la ruta electoral y proponer improvisados atajos que no responden a una estrategia política realista y viable. Lo del posible triunfo de la camarilla gubernamental habrá que verlo el 5/20/18, pero antes es imperativo aprovechar el proceso electoral para organizar a esa gran mayoría descontenta y comprometerla con el cambio que está exigiendo.


Este es el mejor momento histórico -por su debilidad- para confrontar electoralmente al social-fascismo-bolivariano. No hay muchas opciones para escoger en los días por venir: o salimos a votar masivamente y abrimos los senderos para un cambio democrático o nos abstenemos y con ello permitimos que se afiance el monstruo facho-bolivariano dispuesto a devorarlo todo, inclusive a sí mismo. Cometen un gravísimo error quienes niegan la ruta electoral como opción estratégica y en su lugar proponen alucinantes y providenciales “derroteros”.

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